Solemnidad de la Inmaculada: Lucas 1,26-38 Navidad: Juan 1,1-18 Fiesta de la Sagrada Familia: Lc 2, 41-52 Solemnidad de Santa María, Madre de Dios: Lc 2,16-21 Solemnidad de la Epifanía: Mt 2,1-12 Bautismo del Señor: Lc 3,15-16.21-22 II Tiempo Ordinario: Jn 2,1-11 III Tiempo Ordinario: Lc 1,1-4; 4, 14-21 IV Tiempo Ordinario: Lc 4,21-30 V Tiempo Ordinario: Lc 5,1-11
Vigilia Pascual: Lc 24,1-12 I Domingo de Pascua: Jn 20,1-9 II Domingo de Pascua: Jn 20,19-31 III Domingo de Pascua: Jn 21,1-19 IV Domingo de Pascua: Jn 10,27-30 V Domingo de Pascua: Jn 13,31-33a.34-35 VI Domingo de Pascua: Jn 14,23-29 Ascensión del Señor: Lc 24,46-53 Solemnidad de Pentecostés: Jn 14,15-16.23b-26 Solemnidad de la Santísima Trinidad: Jn 16,12-15 Solemnidad del Cuerpo y Sangre de Cristo: Lc 9,11b-17
X Tiempo Ordinario: Lc 7,11-17 XI Tiempo Ordinario: Lc 7,36-8,3 XII Tiempo Ordinario: Lc 9,18-24 XIII Tiempo Ordinario: Lc 9,51-62 XIV Tiempo Ordinario: Lc 10,1-12.17-20 XV Tiempo Ordinario: Lc 10,25-37 XVI Tiempo Ordinario: Lc 10,38-42 XVII Tiempo Ordinario: Lc 11,1-13 XVIII Tiempo Ordinario: Lc 12,13-21 XIX Tiempo Ordinario: Lc 12,32-48
XX Tiempo Ordinario: Lc 12,49-53 XXI Tiempo Ordinario: Lc 13,22-30 XXII Tiempo Ordinario: Lc 14,1.7-14 XXIII Tiempo Ordinario: Lc 14,25-33 XXIV Tiempo Ordinario: Lc 15,1-32 XXV Tiempo Ordinario: Lc 16,1-13 XXVI Tiempo Ordinario: Lc 16,19-31 XXVII Tiempo Ordinario: Lc 17,5-10 XXVIII Tiempo Ordinario: Lc 17,11-19 XXIX Tiempo Ordinario: Lc 18,1-8
XXX Tiempo Ordinario: Lc 18,9-14 XXXI Tiempo Ordinario: Lc 19,1-10 XXXII Tiempo Ordinario: Lc 20,27-38 XXXIII Tiempo Ordinario: Lc 21,5-19 Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo: Lc 23,35-43
46 Jesús dijo a sus discípulos: “Así está escrito:
el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día 47
y se predicará en su nombre la conversión para el perdón de los pecados a todos
los pueblos, comenzando por Jerusalén.
48 Vosotros sois
testigos de esto. 49 Mirad, yo voy a enviar sobre vosotros la
Promesa de mi
Padre. Por vuestra parte, permaneced en la ciudad hasta que seáis revestidos de la fuerza que viene de lo
alto.”
50 Los sacó hasta cerca de Betania y, alzando sus
manos, los bendijo. 51 Y
sucedió que, mientras los bendecía, se separó de ellos y fue llevado al cielo. 52
Ellos, después de postrarse ante él, se volvieron a Jerusalén con gran alegría, 53 y
estaban siempre en el Templo bendiciendo
a Dios.
………………………………………..
Hechos 1, 1-11
1 El primer libro lo
escribí, Teófilo, sobre todo lo que Jesús hizo y enseñó desde
un principio 2 hasta el día en que, después de haber dado
instrucciones por medio del Espíritu Santo a los apóstoles que había elegido, fue llevado al cielo.
3 A estos mismos, después
de su pasión, se les presentó dándoles muchas pruebas de que vivía,
apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca de lo referente al
Reino de Dios.
4 Mientras estaba comiendo
con ellos, les mandó que no se ausentasen de Jerusalén, sino que aguardasen la Promesa del Padre,
«que oísteis de mí: 5 Que Juan bautizó con agua, pero vosotros seréis bautizados en el Espíritu
Santo dentro de pocos días».
6 Los que estaban reunidos
le preguntaron: «Señor, ¿es en este momento cuando vas a restablecer el Reino
de Israel?» 7 El les contestó: «A vosotros no os toca conocer el
tiempo y el momento que ha fijado el Padre con su autoridad, 8 sino
que recibiréis la fuerza del Espíritu
Santo, que vendrá sobre vosotros, y seréis
mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de
la tierra.»
9 Y dicho esto, fue
levantado en presencia de ellos, y una
nube le ocultó a sus ojos. 10 Estando ellos mirando fijamente al cielo mientras se iba, se les aparecieron dos
hombres vestidos de blanco 11 que les dijeron: «Galileos, ¿qué hacéis ahí mirando al cielo? Este
que os ha sido llevado, este mismo Jesús, vendrá
así tal como le habéis visto subir al cielo.» .................................. Efesios 4,9-10
9
¿Qué quiere decir «subió» sino que también bajó
a las regiones inferiores de la tierra? 10 Este que bajó es el mismo
que subió por encima de todos los
cielos, para llenarlo todo.
..................................
CUANDO LEAS
- Contemplamos, en nuestra oración de hoy, las dos
narraciones que Lucas hace de la Ascensión del Señor, al final de su evangelio
y en el comienzo del libro de los Hechos.
- El
evangelio de Lucas termina con la despedida de
Jesús en la que les explica las Escrituras, abriendo sus inteligencias
para que
pudieran comprender lo referente a Él en Moisés, los profetas y los
salmos, es decir, en toda la Escritura hebrea (v.45), y con la promesa del Espíritu Santo, que les dará la fuerza necesaria
para ser testigos de su Evangelio hasta los confines del mundo.
- Jesús asciende al Padre al tiempo que bendice a
sus discípulos. La bendición es una palabra y un gesto de recreación. Quien te
bendice te construye en lo mejor de ti mismo, en tu verdadera identidad.
Sabernos bendecidos nos hace personas que saben
bendecir, a Dios, a los otros, y toda la realidad.
- Lucas comienza narrando el descenso del Verbo en
la encarnación, en el vientre de María, y termina con el ascenso al Padre. Éste
es el itinerario de todo discípulo: descendercon Jesús a todos los lugares de
su presencia (entre los pobres y necesitados, entre los últimos…) para ascender
al Padre, al final de nuestro itinerario en este mundo.
- El libro de los Hechos narra el mismo
acontecimiento pascual de la ascensión y añade que los discípulos se quedaron
mirando al cielo, mientras que los hombres vestidos de blanco les alientan a
bajar a la vida con la esperanza de que Jesús volverá. Invitación a la esperanza y al compromiso con la historia.
- La ascensión no es ausencia sino un nuevo modo de Presencia
más plena: subió al cielo para llenarlo todo, dice la carta a los Efesios.
CUANDO
MEDITES
- La Ascensión
de Jesús supone el triunfo del amor. El que por amor había descendido a la
miseria humana ahora, por la fuerza del amor, asciende hasta el corazón del
Padre y recibe el nombre de Señor igual al Padre (cf. Filipenses 2, 1ss).
- La categoría
de ascensión se puede traducir por “comunión”. No es que Cristo suba muy alto,
sino que entra muy dentro. Penetra en el corazón de Dios, de la humanidad, de
todas las cosas. Y será fermento de comunión hasta que todo y todos nos unamos
en él.
- La ausencia física de
Cristo es Presencia resucitada, una presencia viva y transformante. Cristo está presente
por el don de su Espíritu, hasta el punto de que, estando habitados por Él,
podemos decir “no soy yo quien vive sino
que es Cristo quien vive en mí” (Jn 16,15; Gál 2,20). Cristo presente en su
Palabra, luz para nuestro camino (Jn 14,23). Está presente en el Pan partido
(Jn 6,56-57). Está presente en los hermanos (Mt 18,20; 10,40). Está presente en
los pobres, en los pequeños y en quienes nos necesitan (Mt 25,35-45). Está
presente en todo y en todos, más íntimamente y sin limitación de espacio y de
tiempo…
¿Cómo vivo ese
amor, esa comunión, esa Presencia?
……………………………..
De Teilhard de Chardin sobre la presencia de Cristo en todos
Cristo me agota por completo
con su mirada. Con la misma presencia penetra a los
que me rodean y a quienes amo. Gracias a Él, como en un Medio divino, me uno a
los demás por dentro de ellos mismos; puedo obrar sobre ellos a través de todos
los recursos de mi vida.
Cristo nos liga y nos manifiesta los unos a los otros.
Lo que mi boca no es capaz de hacer comprender a mi hermano o a mi hermana, Él
se lo dirá mejor que yo. Lo que mi corazón desea para ellos, con inquieto e
impotente ardor, Él se lo otorgará, si es bueno. Lo que los hombres no pueden
escuchar de mi voz demasiado débil, o a la que cierran sus oídos para no
escuchar, tengo yo el recurso de confiárselo a Cristo, que habrá de repetírselo,
algún día, a su corazón. Si esto es así, yo puedo morir tranquilo con mi ideal,
ser enterrado con la visión que yo quería hacer compartir a los demás.
Cristo recolecta, para la vida por venir, las ambiciones sofocadas, las
claridades incompletas, los esfuerzos frustrados, o desafortunados, pero sinceros.
……………………………. Una pastoral de la bondad (José Antonio Pagola)
Son los últimos
momentos de Jesús con los suyos. Enseguida los dejará para entrar
definitivamente en el misterio del Padre. Ya no los podrá acompañar por los
caminos del mundo como lo ha hecho en Galilea. Su presencia no podrá ser
sustituida por nadie. Jesús solo piensa en que llegue a todos los pueblos
el anuncio del perdón y la misericordia de Dios. Que todos escuchen su llamada
a la conversión. Nadie ha de sentirse perdido. Nadie ha de vivir sin esperanza.
Todos han de
saber que Dios comprende y ama a sus hijos e hijas sin fin. ¿Quién podrá anunciar esta Buena Noticia?
Según el relato de Lucas, Jesús
no piensa en sacerdotes ni obispos. Tampoco en doctores o teólogos. Quiere dejar en la tierra “testigos”. Esto
es lo primero: “vosotros sois testigos
de estas cosas”. Serán los testigos de Jesús los que comunicarán su experiencia de un Dios bueno y contagiarán su estilo de vida trabajando por un mundo más humano.
Pero Jesús conoce bien a sus
discípulos. Son débiles y cobardes. ¿Dónde encontrarán la audacia para ser
testigos de alguien que ha sido crucificado por el representante del Imperio y
los dirigentes del Templo? Jesús los tranquiliza: “Yo os enviaré lo que mi Padre ha
prometido”. No les va a faltar la “fuerza de lo alto”. El Espíritu de Dios los defenderá.
Para expresar
gráficamente el deseo de Jesús, el evangelista Lucas describe su partida de
este mundo de manera sorprendente: Jesús vuelve al Padre levantando sus
manos y bendiciendo a sus discípulos.
Es su último gesto. Jesús entra en el misterio insondable de Dios y sobre el
mundo desciende su bendición.
A los cristianos se nos ha
olvidado que somos portadores de la
bendición de Jesús. Nuestra primera tarea es ser testigos de la Bondad de Dios. Mantener viva la esperanza. No
rendirnos ante el mal. Este mundo que parece un “infierno maldito” no está
perdido. Dios lo mira con ternura y compasión.
También hoy es
posible buscar el bien, hacer el bien, difundir el bien. Es posible trabajar
por un mundo más humano y un estilo de vida más sano. Podemos ser más
solidarios y menos egoístas. Más austeros y menos esclavos del dinero. La
misma crisis económica nos puede empujar a buscar una sociedad menos corrupta.
En la Iglesia de Jesús hemos
olvidado que lo primero es promover una
“pastoral de la bondad”. Nos hemos de sentir testigos y profetas de ese Jesús que pasó su vida sembrando gestos
y palabras de bondad. Así despertó en las gentes de Galilea la esperanza en un
Dios Salvador. Jesús es una bendición y la gente lo tiene que conocer.
CUANDO ORES
Oración: Como
subiendo
Se arranca de los suyos, los
bendice,
¡qué fuertes son sus manos
protectoras!
Los últimos consejos y promesas,
¡qué riqueza de dones
preparados!
La Ascensión del Señor, como
subiendo
hasta la meta amada, el Corazón
de su Padre, en las alas del Espíritu;
la entrada en el misterio del Amor,
la comunión con Dios y con el Todo;
la plenitud de Cristo, Alfa y
Omega,
la fuerza convergente, centro cósmico,
comunión con el mundo, con
las cosas.
Haz que llueva tu Espíritu,
Señor,
esa Nube sagrada en que te fuiste;
haznos testigos de tu nombre,
Cristo,
encarnando tu amor y tu palabra,
hasta el día en que vuelvas a nosotros.
(Un manantial de amor inagotable. Cuaresma y Pascua,
Caritas 1998)
Oración: Sigues aquí
Curiosa forma de
quedarte, Señor,
sin imponer tu
presencia,
sin apagar la
sed,
sin convertir la
fe en evidencia.
Y curiosa forma
de irte
sin atarnos a la
ausencia,
sin dejarnos
solos,
sin forjar
tristezas.
Y así, de ese
modo,
ausencia y
presencia
siembran en
nosotros
hambre de
respuestas.
Tú que eres Plenitud, lléname.
Tú que eres Centro, céntrame en ti.
Rebósame de Ti y muéstrame tu rostro.
Hazme capacidad.
Hazme silencio.
Hazme tú. Y eres
espíritu,
aliento, fuerza.
Eres la palabra
que a veces
aquieta
y a veces
golpea.
Eres el silencio
poblado de
historias,
eres la justicia
que llama a la
puerta,
eres un profeta
pidiendo
justicia,
eres el soldado
sin arma ni
guerra.
Por eso te
fuiste,
y así te nos
quedas.
José Mª Rodríguez Olaizola, sj .............................................................................
Si conocieras cómo te amo, si conocieras cómo te amo,
dejarías de vivir sin amor.
Si conocieras cómo te amo, si conocieras cómo te amo,
dejarías de mendigar cualquier amor.
Si conocieras cómo te amo, cómo te amo
serías más feliz.
Si conocieras cómo te busco, si conocieras cómo te busco,
dejarías que te alcanzara mi voz.
Si conocieras cómo te busco, si conocieras cómo te busco,
dejarías que te hablara al corazón.
Si conocieras cómo te busco, cómo te busco,
escucharías más mi voz.
Si conocieras cómo te sueño, si conocieras cómo te sueño,
buscarías lo que lo que espero de ti.
Si conocieras cómo te sueño, si conocieras cómo te sueño
buscarías lo que he pensado para ti.
Si conocieras cómo te sueño, cómo te sueño,
pensarías más en mí.
Oración para disponer el corazón: Tú me salvas
No te cansas de mí, aunque a ratos ni yo mismo me soporto. No te rindes, aunque tanto me alejo, te ignoro, me pierdo. No desistes, que yo soy necio, pero tú eres tenaz. No te desentiendes de mí, porque tu amor puede más que los motivos
Tenme paciencia, tú que no desesperas, que al creer en mí me abres los ojos y las alas…
(José María Olaizola, sj)
Juan 21,1-19
1 Después de esto, se manifestó Jesús otra vez a los discípulos a orillas del mar de Tiberíades. Se manifestó de esta manera.
2 Estaban juntos Simón Pedro, Tomás, llamado el Mellizo, Natanael, el de Caná de Galilea, los de Zebedeo y otros dos de sus discípulos.
3 Simón Pedro les dice: «Voy a pescar.» Le contestan ellos: «También nosotros vamos contigo.»Fueron y subieron a la barca, pero aquella noche no pescaron nada.
4 Cuando ya amaneció,estaba Jesús en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús.
5 Les dice Jesús:«Muchachos, ¿no tenéis pescado?» Le contestaron: «No.»
6 El les dijo: «Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis.» La echaron, pues, y ya no podían arrastrarla por la abundancia de peces.
7El discípulo a quien Jesús amaba dice entonces a Pedro: «Es el Señor», se puso el vestido - pues estaba desnudo - y se lanzó al mar.
8 Los demás discípulos vinieron en la barca, arrastrando la red con los peces; pues no distaban mucho de tierra, sino unos doscientos codos.
9 Nada más saltar a tierra, ven preparadas unas brasas y un pez sobre ellas y pan.
10 Les dice Jesús:«Traed algunos de los peces que acabáis de pescar.»
11 Subió Simón Pedro y sacó la red a tierra, llena de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y, aun siendo tantos, no se rompió la red.
12 Jesús les dice:«Venid y comed.» Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: «¿Quién eres tú?», sabiendo que era el Señor.
13 Viene entonces Jesús, toma el pan y se lo da; y de igual modo el pez.
14 Esta fue ya la tercera vez que Jesús se manifestó a los discípulos después de resucitar de entre los muertos.
15 Después de haber comido, dice Jesús a Simón Pedro: «Simón de Juan, ¿me amas más que éstos?» Le dice él: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero.» Le dice Jesús: «Apacienta mis corderos.»
16 Vuelve a decirle por segunda vez: «Simón de Juan, ¿me amas?» Le dice él: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero.» Le dice Jesús: «Apacienta mis ovejas.»
17 Le dice por tercera vez: «Simón de Juan, ¿me quieres?» Se entristeció Pedro de que le preguntase por tercera vez: «¿Me quieres?» y le dijo: «Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero.» Le dice Jesús: "Apacienta mis ovejas."
18 "En verdad, en verdad te digo: cuando eras joven, tú mismo te ceñías, e ibas adonde querías; pero cuando llegues a viejo, extenderás tus manos y otro te ceñirá y te llevaráadonde tú no quieras."
19 Con esto indicaba la clase de muerte con que iba a glorificar a Dios. Dicho esto, añadió:«Sígueme.»
CUANDO LEAS
- El capítulo 21, el último del cuarto evangelio, fue añadido a modo de epílogo, después de una primera conclusión (20,30-31), en una segunda edición del texto. Se trata de una meditación sobre Cristo Resucitado que ilumina y dirige la misión evangelizadora de la Iglesia en el mundo. La escena, ambientada en la orilla occidental del lago de Genesaret, se compone de dos grandes cuadros: la aparición en el lago(21,1-14) y un diálogo entre Jesús y Pedro (21,15-19) que, de hecho, continúa hasta el v. 23.
El primer cuadro, a su vez, se desarrolla en dos momentos: la pesca milagrosa (21,1-8), signo que revela la presencia de Cristo Resucitado, y la comida que Jesús comparte con sus discípulos en la orilla del lago (21,9-13). El v. 14 es una conclusión redaccional que coordina esta aparición con las dos precedentes.
- La escena de la pesca empieza con una introducción, donde se mencionan el lugar, los nombres de los personajes (siete discípulos) y la ardua tardea a la que se dedicaban: la pesca. En el v. 4, irrumpe un personaje nuevo y desconocido que los discípulos no reconocen. Esta característica, típica de las apariciones, quiere mostrar la diferencia entre el Jesús “según la carne”, fácilmente identificable, y el Cristo “según el Espíritu”, reconocible sólo por medio de la fe.
Pedro toma la iniciativa y todos le siguen. Salen a pescar, pero después de bregar toda la noche por su cuenta no consiguen nada. El desconocido insiste en que echen de nuevo la red al mar. Obedecen por instinto a su palabra y de una sola redada pescan 153 peces grandes, es decir, una cantidad inimaginable de peces. “Sin mí no podéis hacer nada”, les había dicho el Señor pocos días antes (15,5). El primero que lo reconoce es el discípulo amado, mientras Pedro reacciona impulsivamente, como siempre. Jesús les espera en la orilla con la comida preparada. Sus gestos recuerdan los de la última cena.
En el diálogo entre Jesús y Pedro, éste confiesa tres veces su amor al Señor, como reparación de su triple negación, y el Señor le confiere el cuidado del rebaño, que sigue perteneciendo en exclusiva al Señor: “apacienta mis corderos” (v. 15), “apacienta mis ovejas”(v. 17).
(Nuria Calduch Benages, Misa Dominical 2013 / 06)
CUANDO MEDITES
- “Simón Pedro le dice: ‘Me voy a pescar’… y aquella noche no cogieron nada…”
Cuando Jesús llama a sus primeros discípulos, pescadores de profesión, les dice que serán “pescadores de hombres”… Su misión será adentrarse, con riesgo, con entusiasmo y con amor, en el océano del mundo, de pueblos y culturas diversas, para atraer a todos hacia Jesús y su evangelio. Pero cuando la tarea es realizada sin fe, sin esperanza, en la noche, y sin Jesús, no hay resultado. “Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada” (Jn 15,5). Las iniciativas y estrategias pastorales más sofisticadas son frías, vacías y no transparentan a Dios si no arde en ellas el amor a Dios… Así trabajaba Pablo, urgido por el amor de Cristo: “El amor de Cristo nos apremia…” (2 Cor 15,14).
¿Estás unida a Jesús como el sarmiento a la vid, como la llama al fuego, como la ola al mar?
- “Estaba ya amaneciendo cuando se presentó Jesús…”
Jesús es la luz y está siempre en nuestra orilla, siempre cerca… Todo (interrogantes, búsquedas, desencuentros, encuentros, errores, aciertos, pérdidas, alegrías, esperanzas, miedos…), todo queda iluminado por Él. Cuando Él está, es posible creer que es posible comenzar de nuevo… Con Él todo es posible: recomenzar una tarea, un proyecto, unas relaciones...; incluso, toda una vida… “Su luz nos hace ver la luz” (Sal 36, 10).
- “Pero los discípulos no sabían que era Jesús…”
María Magdalena confunde a Jesús con un hortelano, y le reconoce cuando Él pronuncia su nombre; los discípulos de Emaús sólo lo reconocen cuando él parte el pan; Pedro y los otros seis discípulos no saben que es Jesús, pero tienen la certeza cuando Él realiza un gesto conocido, familiar... La sobreabundancia de la pesca les recordó la sobreabundancia de los panes y los peces con los que se sació la gente… El pescado en las brasas y el pan partido les recordó la comida eucarística… Son los ojos del amor los que reconocen al Señor (“¡Es es Señor!”). El amor siempre llega antes y es el discípulo amado el que lo reconoce… El mismo que reclinó su cabeza en el regazo de Jesús durante la última cena…Quien se acerca a Él, quien ora, quien cultiva la intimidad con Él, va tejiendo lazos cada vez más profundos de amor y amistad y recibe luz para reconocerlo allí donde Jesús dijo que estaría... ¿Cómo cuidas tu intimidad con Jesús? ¿Dónde encuentras a Dios?
- “Simón de Juan, ¿me amas?… Apacienta…”
Es conmovedora la escena, conmovedora la pregunta… Simón había dicho tres veces: “no conozco a este hombre”… Y ahora se le da la oportunidad de decirle: “Sí, te conozco, te conozco, soy de los tuyos, y te amo”… Aún así, Pedro dice, humildemente, “te quiero”… Es una forma de amar más pequeña…, menos gratuita, menos “perfecta”… pero es su forma de amar. Después de haber prometido que moriría con Jesús y haber roto su promesa, no se atreve a decir más… No lo dice con sus palabras. Lo dirá con su vida, con su servicio, apacentando el rebaño con un amor hasta el extremo, cuando sea crucificado como su Maestro. ¿Cómo es tu amor a Jesús, a los otros, a todo lo real? ¿Cómo es tu servicio y tu cuidado de los otros? Recuerda: lo único importante en la vida es el amor.
- “… cuando llegues a viejo, extenderás tus manos y otro te ceñirá y te llevará…”
Pedro estaba acostumbrado a ser el líder, a tomar la iniciativa, a llevar la voz cantante… Jesús le habla de lo importante que es, en la vida, acoger las pasividades, las pérdidas, los descensos… En la vejez, aunque se ganan muchas cosas, se pierden otras muchas: belleza, fuerza, facultades, relevancia social, capacidad de influencia, compañía… Es el momento, si no se ha hecho antes, de aprender a dejarse conducir y guiar, como un niño… Es el momento de abandonarse, incluso a lo que no se desea… ¿Cómo te dejas conducir, sin resistencias, por el Viviente?
- "Sígueme"
Pedro había seguido a Jesús, durante la pasión, "de lejos"... Sus pensamientos y sentimientos no eran los de Jesús. No estaba dispuesto a la kénosis, al vaciamiento, al despojamiento, a hacerse nada... Pero, cuando confirma su amor a su Señor, es el momento del auténtico seguimiento hasta el final... ¿Eres verdadero discípulo de Jesús? ¿Pones tus pies sobre sus huellas? ¿Vives como vivió Él, piensas como pensó Él, sientes como sintió Él...?
………………………………..
De José Antonio Pagola:
En el epílogo del evangelio de Juan se recoge un relato del encuentro de Jesús resucitado con sus discípulos a orillas del lago Galilea. Cuando se redacta, los cristianos están viviendo momentos difíciles de prueba y persecución: algunos reniegan de su fe. El narrador quiere reavivar la fe de sus lectores.
Se acerca la noche y los discípulos salen a pescar. No están los Doce. El grupo se ha roto al ser crucificado su Maestro. Están de nuevo con las barcas y las redes que habían dejado para seguir a Jesús. Todo ha terminado. De nuevo están solos.
La pesca resulta un fracaso completo. El narrador lo subraya con fuerza:"Salieron, se embarcaron y aquella noche no cogieron nada". Vuelven con las redes vacías. ¿No es ésta la experiencia de no pocas comunidades cristianas que ven cómo se debilitan sus fuerzas y su capacidad evangelizadora?
Con frecuencia, nuestros esfuerzos en medio de una sociedad indiferente apenas obtienen resultados. También nosotros constatamos que nuestras redes están vacías. Es fácil la tentación del desaliento y la desesperanza. ¿Cómo sostener y reavivar nuestra fe?
En este contexto de fracaso, el relato dice que "estaba amaneciendo cuando Jesús se presentó en la orilla". Sin embargo, los discípulos no lo reconocen desde la barca. Tal vez es la distancia, tal vez la bruma del amanecer, y, sobre todo, su corazón entristecido lo que les impide verlo. Jesús está hablando con ellos, pero "no sabían que era Jesús".
¿No es éste uno de los efectos más perniciosos de la crisis religiosa que estamos sufriendo? Preocupados por sobrevivir, constatando cada vez más nuestra debilidad, no nos resulta fácil reconocer entre nosotros la presencia de Jesús resucitado, que nos habla desde el Evangelio y nos alimenta en la celebración de la cena eucarística.
Es el discípulo más querido por Jesús el primero que lo reconoce:"¡Es el Señor!". No están solos. Todo puede empezar de nuevo. Todo puede ser diferente. Con humildad pero con fe, Pedro reconocerá su pecado y confesará su amor sincero a Jesús:"Señor, tú sabes que te quiero". Los demás discípulos no pueden sentir otra cosa.
En nuestros grupos y comunidades cristianas necesitamos testigos de Jesús. Creyentes que, con su vida y su palabra nos ayuden a descubrir en estos momentos la presencia viva de Jesús en medio de nuestra experiencia de fracaso y fragilidad. Los cristianos saldremos de esta crisis acrecentando nuestra confianza en Jesús. Hoy no somos capaces de sospechar su fuerza para sacarnos del desaliento y la desesperanza.
Quiero ser pastor que vele por los suyos; árbol frondoso que dé sombra al cansado; fuente donde beba el sediento. Quiero ser canción que inunde los silencios; libro que descubra horizontes remotos; poema que deshiele un corazón frío; papel donde se pueda escribir una historia.
Quiero ser risa en los espacios tristes, y semilla que prende en el terreno yermo. Ser carta de amor para el solitario, y grito fuerte para el sordo…
Pastor, árbol o fuente, canción, libro o poema… Papel, risa, grito, carta, semilla… Lo que tú quieras, lo que tú pidas, lo que tú sueñes, Señor… eso quiero ser.
Muchas son las voces que preguntan ¿dónde está tu
Dios?
Pero tú, Señor, dime una palabra, tan sólo una palabra,
y mis oídos sordos se abrirán,
exhala sobre mí el aliento de tu Espíritu Divino,
y mi lengua muda cantará,
dame paz y la alegría que nadie puede quitarnos
y los cerrojos de mis puertas saltarán.
Mi vida quedará abierta a tu Vida,
mi boca, a ser anuncio y palabra,
mis manos serán evangelio que trabaja y que sirve,
para que muchos, creyendo,
tengan vida en tu Nombre.
Juan
20,19-31
19 Al
atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por miedo a los judíos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: «La
paz con vosotros». 20Dicho esto, les mostró las manos y el
costado. Los discípulos se alegraron
de ver al Señor. 21Jesús les dijo otra vez: «La paz con vosotros.
Como el Padre me envió, también yo os
envío». 22Dicho esto, sopló
sobre ellos y les dijo: «Recibid el
Espíritu Santo. 23A quienes perdonéis
los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan
retenidos».
24Tomás, uno
de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Los
otros discípulos le decían: «Hemos visto
al Señor».25Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no
creeré».
26Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro y Tomás con
ellos. Se presentó Jesús en medio
estando las puertas cerradas, y dijo: «La paz con vosotros». 27Luego
dice a Tomás: «Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en
mi costado, y no seas incrédulo sino
creyente». 28Tomás le
contestó: «Señor mío y Dios mío». 29Le
dice Jesús: «Porque me has visto has creído.
Dichosos los que no han visto y han creído».
30Jesús realizó en presencia de los discípulos otras muchas señales que no
están escritas en este libro. 31Éstas han sido escritas para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo
de Dios, y para que creyendotengáis vida en su nombre.
CUANDO LEAS
El
evangelio de este domingo está dividido en tres partes: a) La aparición del Señor Resucitado a los
discípulos, al anochecer del día primero de la semana; b) la aparición, ocho
días después, estando Tomás; c) el primer epílogo del evangelio de Juan.
Para
nuestra lectio divina hemos seleccionado la primera y la tercera parte.
Fíjate en el marco espacio-temporal de la escena.
Todo sucede “ya anochecido”, tras la
puesta de sol. La noche (y, junto a ella, la oscuridad, la tiniebla, la
ceguera) tiene, en Juan, un sentido profundamente metafórico. Alude a la falta
de fe, a la desorientación, a la incapacidad de comprensión. Nicodemo acude a
Jesús de noche (3,2); María Magdalena va a buscar a Jesús al sepulcro al
amanecer, pero “cuando todavía estaba oscuro” (20,1). La oscuridad de la noche
habla de la oscuridad del interior de una mujer que va a buscar al Viviente a
un sepulcro, y que, al encontrarlo vacío, llora sin consuelo porque “le han
quitado al Señor”.
Observa los personajes: Los discípulos: a pesar del testimonio de María Magdalena, los
discípulos no creyeron. Para creer, no basta el anuncio. Es precisa la
experiencia personal del Resucitado. Los discípulos están escondidos,
atemorizados, sin valor ni libertad para pronunciarse públicamente a favor del
injustamente condenado. Y esto es así “por miedo a los judíos”. Esta expresión ya había aparecido
tres veces en el evangelio: en 7,13,
donde el temor impedía a la multitud hablar abiertamente de Jesús; en 9,22, cuando los padres del ciego rehúsan, por miedo a
la expulsión de la sinagoga, responder a los judíos sobre el modo como su hijo
ha recobrado la vista, por miedo, y en 19,38, donde el miedo hacía de José de Arimatea un
discípulo clandestino.
Jesús: Lo que ocupa el centro de la comunidad es el
miedo. Pero Jesús entra en este espacio cerrado y oscuro, se pone en
medio, les desea la paz y disuelve su miedo. Él penetra la densa tiniebla
que envolvía a los discípulos porque, como dice el salmo 139,12: “ninguna
tiniebla es oscura para ti, la noche es clara como el día”. No es la
primera vez que lo hace. En su discurso de despedida, les da su paz, “no
como la da el mundo” (Jn 14,27). Les dice muchas cosas “para que tengáis
paz en mí: en el mundo tendréis tribulación, pero ¡ánimo!, yo he vencido al
mundo” (16,33). Sin embargo, los discípulos se han olvidado de la palabra
de Jesús y han perdido la paz a causa del miedo, y Jesús vuelve como lo había prometido (14,19)
para confirmarles en ella.
El suyo es el saludo de quien ha vencido al mundo y la muerte.
Jesús
les muestra lasmanos y el costado, las señales de su amor hasta el extremo, los
signos de su crucifixión. El Resucitado es el mismo que murió en la cruz. Si
los discípulos tenían miedo de la muerte que podían infligirles los judíos,
ahora ven que nadie puede quitarles la vida que él les comunica. La mención del
costado prepara el don del Espíritu (20,22), simbolizado por el agua que salió
de Él (19,34).
La
reacción de los discípulos es la alegría, una alegría que nadie les podrá quitar (16,22), la
misma alegría que, tras los dolores de parto, siente una mujer cuando tiene al
niño entre sus brazos (16,21), la misma alegría del sembrador cuando recoge la
cosecha tras la fatiga de la siembra (Sal 126,6), la misma alegría que da saber
que el grano de trigo no se pudre inútilmente, sino que da mucho fruto (Jn 12,24).
El
primer saludo de paz quiere quitar el miedo a la persecución y a la muerte. El
segundo, quiere llenar de valentía y libertad para el envío. La misión de los discípulos es la misma que la de
Jesús: realizar las obras del que lo envió (9,4), producir mucho fruto, unidos
a Él (15,5) y amar hasta el extremo como amó el Resucitado, que ahora nos
enseña las manos y el costado, signos de su amor.
Jesús
sopla sobre ellos y les infunde el Espíritu. Esta acción está en conexión con las palabras de
envío. Al darles el Espíritu, Jesús les capacita para la misión. El verbo usado
por Juan se encuentra en Gn 2,7: sugiere que el Espíritu re-crea a los creyentes, una recreación según la cual nos
llamamos y somos hijos de Dios (1 Jn 3,1) y ya no vamos a olvidar la palabra de
Jesús, porque el Espíritu la escribirá, no en tablas de piedra, sino en los
corazones (Jn 14,16.26; cf. Jr 31, 33-34).
el
primer epílogo del evangelio
de Juan, en los vv. 30-31: la finalidad del evangelio es que, creyendo, todos
tengan vida en su Nombre. El evangelio no
está escrito para estudiarlo, aprenderlo de memoria, investigarlo... sino para
suscitar la fe y comunicar la Vida en abundancia de Jesús. Si no hace esto, es
letra muerta que no sirve para nada. Considera lo que Jesús dice a los judíos: “Vosotros
escudriñáis las Escrituras ya que creéis tener en ellas vida eterna; pero ellas
dan testimonio de mí, y vosotros no queréis venir a mí para tener vida” (Jn
5,39-40).
CUANDO MEDITES
El hombre moderno ha aprendido a dudar. Es propio del espíritu de
nuestros tiempos cuestionarlo todo para progresar en conocimiento científico.
En este clima, la fe queda con
frecuencia desacreditada. El ser humano va caminando por la vida lleno de
incertidumbres y dudas. Por eso, todos
sintonizamos sin dificultad con la reacción de Tomás, cuando los otros
discípulos le comunican que, estando él ausente, han tenido una experiencia
sorprendente: "Hemos visto al Señor". Tomás podría ser un
hombre de nuestros días. Su respuesta es clara: "Si no lo veo...no lo creo".
Su actitud es comprensible. Tomás no dice que
sus compañeros están mintiendo o que están engañados. Solo afirma que su testimonio no le basta para adherirse a su fe. Él
necesita vivir su propia experiencia. Y Jesús no se lo reprochará en ningún
momento.
Tomás ha podido expresar sus dudas dentro de
grupo de discípulos. Al parecer, no se han escandalizado. No lo han echado
fuera del grupo. Tampoco ellos han
creído a las mujeres cuando les han anunciado que han visto a Jesús
resucitado. El episodio de Tomás deja
entrever el largo camino que tuvieron que recorrer en el pequeño grupo de
discípulos hasta llegar a la fe en Cristo resucitado.
Las comunidades cristianas deberían ser en
nuestros días un espacio de diálogo donde
pudiéramos compartir honestamente las dudas, los interrogantes y búsquedas de
los creyentes de hoy. No todos vivimos en nuestro interior la misma
experiencia. Para crecer en la fe necesitamos el estímulo y el diálogo con
otros que comparten nuestra misma inquietud.
Pero nada
puede remplazar a la experiencia de un contacto personal con Cristo en lo hondo
de la propia conciencia. Según el relato evangélico, a los ocho días se
presenta de nuevo Jesús. No critica a Tomás sus dudas. Su resistencia a
creer revela su honestidad.
Jesús le muestra sus heridas. No son
"pruebas" de la resurrección, sino "signos" de su amor y entrega hasta la muerte. Por eso,
le invita a profundizar en sus dudas con confianza: "No seas incrédulo, sino creyente". Tomas renuncia a verificar
nada. Ya no siente necesidad de pruebas. Solo sabe que Jesús lo ama y le invita
a confiar: "Señor mío y Dios
mío".
Un día los cristianos descubriremos que muchas de nuestras dudas, vividas de manera
sana, sin perder el contacto con Jesús y la comunidad, nos pueden rescatar de
una fe superficial que se contenta con repetir fórmulas, para estimularnos
a crecer en amor y en confianza en Jesús, ese Misterio de Dios encarnado que
constituye el núcleo de nuestra fe.
(José
Antonio Pagola)ç
CUANDO ORES
Oración: Como Tomás
Como
Tomás…
también
dudo y pido pruebas.
También
creo en lo que veo.
Quiero
gestos. Tengo miedo.
Solicito
garantías.
Pongo
mucha cabeza y poco corazón.
Pregunto,
aunque el corazón me dice: “Él vive”.
No
me lanzo al camino sin saber a dónde va.
Quítame
el miedo y el cálculo.
Quítame
la zozobra y la lógica.
Quítame
el gesto y la exigencia.
Dame
tu espíritu, y que al descubrirte,
en
el rostro y el hermano,
susurre,
ya convertido:
“Señor
mío y Dios mío”.
(José Mª Rodríguez
Olaizola, sj)
………………………………………..
Oración: Todo esto deseo
Que
mi oído esté atento a tus susurros.
Que
el ruido cotidiano no tape tu voz.
Que
te encuentre, y te reconozca y te siga.
Que
en mi vida brille tu luz.
Que
mis manos estén abiertas para dar y proteger.
Que
mi corazón tiemble con cada hombre y mujer que padecen.
Que
acierte para encontrar un lugar en tu mundo.
Que
mi vida no sea estéril.
Que
deje un recuerdo cálido en la gente que encuentre.
Que
sepa hablar de paz, imaginar la paz, construir la paz.
Que
ame, aunque a veces duela.
Que
distinga en el horizonte las señales de tu obra.
Todo
esto deseo, todo esto te pido, todo esto te ofrezco,